“El anti capitalismo es hoy patriarcado”, afirma el filósofo Gustavo Esteva, subrayando cómo el patriarcado, al igual que el capitalismo, es un régimen sin límites geográficos, de clase, de raza, más bien transversal, adaptable a toda circunstancia: el Fantômas de los sistemas de dominación.
Reflexionando sobre esta misma cuestión, la filósofa Beatriz Preciado argumenta que las primeras máquinas de la revolución industrial no fueron ni la máquina de vapor, ni la imprenta, ni la guillotina… sino el trabajador esclavo en la plantación, la trabajadora sexual y reproductora, y el animal. Las primeras máquinas fueron máquinas vivientes, y fue la explotación de sus cuerpos lo que hizo posible el desarrollo del capitalismo tal y como lo conocemos.
En oposición a estas máquinas vivientes, el pensamiento dominador humanista construyó otro cuerpo, un cuerpo que llamó el cuerpo humano, o sea, un cuerpo que no podía corresponder al de las máquinas vivientes mencionadas anteriormente. Éste debía encarnarse en un cuerpo soberano: el del hombre blanco, heterosexual, sano. Alrededor de este cuerpo se fundaron los principios universales que hasta ahora organizan nuestras formas de vida. Todas las disciplinas, inclusive las ciencias duras, las supuesta mente ciencias “objetivas” como la medicina, la biología o la física, están sustentadas sobre dichos cimientos. Tal como se desprende de la historia, la del arte, la de la literatura, la ilustración, la revolución francesa y la revolución industrial, el mundo actual reposa sobre la reducción de los esclavos y de las mujeres al estatus de animal y sobre la reducción de los tres (esclavos, mujeres y animales) al de máquina reproductora.
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